De Líbano a Colombia: los tentáculos de Hezbolá, el proxy armado de Irán que teje una red global de poder y economías ilegales

Considerado como el actor no estatal más fuertemente armado del mundo, cuenta con amplios nexos criminales en América Latina.
Alianza Informativa El Tiempo / Santiago Andrés Venera Salazar
A lo largo de más de cuatro décadas desde su fundación, el grupo chií libanés Hezbolá ha demostrado una capacidad de adaptación. Y es que, aunque periódicamente es bombardeado por Israel, ha logrado consolidarse como una organización con estructura propia, amplias fuentes de financiamiento ilegal que se extienden por varios países y unos tentáculos a nivel internacional que le permitirían sobrevivir incluso sin el patrocinio de Irán.
Lejos de limitarse al frente contra Israel, Hezbolá opera hoy como un actor pseudoestatal con amplio poder militar y con alcance global, estrechamente vinculado al régimen iraní y con una red de financiamiento ilegal que se extiende hasta América Latina, donde países como Colombia aparecen con más frecuencia en informes de inteligencia y estudios académicos.
Hezbolá se presenta como un actor proxy de Irán, lo que materializa un rasgo central de las guerras híbridas contemporáneas
Fundado en 1982, en el contexto de la guerra civil libanesa y bajo el patrocinio directo de la Revolución Islámica de Irán, Hezbolá ha evolucionado hasta convertirse en lo que varios expertos describen como “el actor no estatal más fuertemente armado del mundo”.
Hezbolá al servicio de Irán y la lógica de la guerra híbrida
Detrás de esa capacidad de resiliencia hay un actor clave. Hezbolá no es solo un aliado de Irán, sino una extensión operativa de su política exterior. Así lo plantean múltiples estudios académicos, que lo describen como uno de los proxies más sofisticados del llamado Eje de la Resistencia, una red de varios organismos considerados terroristas por gran parte del mundo impulsada por Teherán que incluye actores armados en Yemen, Siria, Irak e incluso al grupo terrorista Hamás en Gaza.
Este Eje se ha declarado enemigo acérrimo del Estado hebreo, al igual que la misma República Islámica, y ha jurado la destrucción de Israel. De hecho, en el manifiesto de fundación de Hezbolá se proclama que el primer objetivo del grupo chií es la salida definitiva de Israel del Líbano “como preludio de su desaparición definitiva”.

Militantes de Hezbolá. EFE © EFE
“Hezbolá se presenta como un actor proxy de Irán, lo que materializa un rasgo central de las guerras híbridas contemporáneas”, señala un estudio de la Revista Colombiana de Estudios Militares y Estratégicos sobre la expansión del grupo en América Latina. En la práctica, esto le permite a Teherán confrontar a sus enemigos y avanzar en su agenda regional y global sin exponerse directamente ni asumir el costo político y militar de un enfrentamiento abierto.
Para Janiel Melamed, doctor en Seguridad Internacional y profesor de la Universidad del Norte, esa relación es explícita y funcional. “No es un secreto. Ambos reconocen abiertamente que existe una relación estratégica muy cercana. Hezbolá es prácticamente una extensión de los intereses estratégicos de Irán”, explicó a EL TIEMPO.
En ese contexto se inscribe la estrategia de Israel. En las últimas semanas, el Estado israelí ha intensificado sus bombardeos en el sur del Líbano contra objetivos de Hezbolá, incluyendo presuntos campos de entrenamiento y posiciones militares. Aunque estos golpes han expuesto vulnerabilidades y afectado su estructura militar, analistas coinciden en que esto aún no significa su derrota.
Un actor armado que gobierna y arrastra a un país a la guerra
Los recientes choques entre Hezbolá e Israel han vuelto a poner al Líbano en el centro de una guerra que, para buena parte de su población, no es propia. Aunque el conflicto no enfrenta formalmente a ambos Estados, el peso militar del grupo chií ha convertido al país en una zona de guerra permanente.
“Se estima que recibe cerca de 1.000 millones de dólares al año por parte de Irán y cuenta con recursos adicionales derivados de su vinculación con economías ilícitas como el narcotráfico y el lavado de activos. Su arsenal de cohetes ha sido calculado en más de 100.000”, le dijo Melamed a este diario.
La presencia de Hezbolá en Colombia no solo está ampliamente documentada, sino que ha sido sistemáticamente ignorada dentro de los marcos de seguridad y defensa nacional
Las cifras del Center for Strategic and International Studies (CSIS) confirman esa dimensión. Según el centro, Hezbolá cuenta con alrededor de 30.000 combatientes activos y 20.000 reservistas, sin incluir a “miles de colaboradores” civiles. No se trata de una red clandestina, sino de una organización jerárquica que “se parece más a un gobierno que a una red terrorista”.
Y es que, pese a ser considerado terrorista por la mayoría de los países occidentales, en Líbano, Hezbolá opera como partido político y fuerza de seguridad de facto. Según Foreign Affairs, gobierna amplias zonas del país y mantiene una capacidad militar que el Estado libanés no puede contrarrestar. “Ni el gobierno ni las Fuerzas Armadas tienen capacidad para enfrentarse a Hezbolá, lo que significa que es capaz de arrastrar al Líbano a una guerra con Israel”, señala la revista.
Para Melamed, ese poder ha quedado en evidencia incluso en medio de los golpes recientes. “Hezbolá viene muy golpeado por las acciones israelíes”, explicó, pero subraya que se trata de una organización con varias “personalidades dependiendo del rol que quiera cumplir el régimen” iraní.
“Cumple un papel de partido político dentro del Líbano, cumple un papel de organización de asistencia social para comunidades chiítas, pero cuando lo necesitan, se quitan la careta y se conforma como una organización terrorista transnacional”, destaca.
El financiamiento iraní a Hezbolá es la columna vertebral de ese vínculo. En noviembre, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció sanciones contra operadores que ayudaron a canalizar decenas de millones de dólares desde Irán hacia Hezbolá a través del sistema financiero informal libanés. Según Washington, desde enero de 2025, la Guardia Revolucionaria iraní habría transferido más de 1.000 millones de dólares utilizando casas de cambio sin licencia.
América Latina, Colombia y los tentáculos silenciosos de Hezbolá
Pero Irán no es la única fuente para Hezbolá. Existe toda otra faceta criminal que le permite complementar sus ingresos mediante narcotráfico, lavado de activos, contrabando y otras economías ilícitas. Y son precisamente estas regalías ilegales las que amenazan con el rearme de esta organización que, por más golpeada que esté por cuenta de los ataques israelíes, aún cuenta con los ingresos, armamento y músculo humano para rearmarse.
Así lo explica un estudio de Washington Institute, que advierte que cualquier intento serio de debilitar al grupo “pasa necesariamente por atacar sus redes financieras en el exterior”, especialmente en África y América Latina.
Aunque la región no es escenario de enfrentamientos armados directos, los estudios coinciden en que América Latina se ha convertido en un eje clave para la financiación y proyección de Hezbolá. Históricamente, la atención se centró en la Triple Frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay. Hoy, sin embargo, los analistas advierten sobre una nueva frontera estratégica en el Caribe, entre Colombia, Panamá y Venezuela.
“La pertinencia de esta temática para América Latina tiene que ver con la documentada presencia de Irán y de Hezbolá en territorio venezolano”, explica Melamed. Venezuela comparte más de 2.200 kilómetros de frontera porosa con Colombia y se ha convertido en un epicentro de exportación de cocaína hacia mercados internacionales.
Un informe de inteligencia militar internacional, revelado por La FM, señala que esta alianza ha facilitado corredores de narcotráfico, refugios seguros y operaciones ilícitas en departamentos como Arauca y Norte de Santander. La droga, según el documento, es enviada hacia África Occidental y Oriente Medio, utilizando rutas marítimas coordinadas desde puertos venezolanos, considerado el epicentro de operaciones de este grupo.
Un estudio publicado en la revista Cogent Social Sciences advierte que “la presencia de Hezbolá en Colombia no solo está ampliamente documentada, sino que ha sido sistemáticamente ignorada dentro de los marcos de seguridad y defensa nacional”. Según el artículo, Venezuela funciona como plataforma logística clave, permitiendo la integración del grupo en Colombia mediante alianzas con las disidencias de las Farc y el Eln.
Maicao, en La Guajira, aparece como un enclave estratégico. “Se ha convertido en una puerta de entrada para las actividades de Hezbolá en el país”, documenta la investigación, que describe redes de facilitación financiera apoyadas en comercio informal, diásporas y debilidad institucional.
En ese contexto, la amenaza no es inmediata ni visible, pero sí estructural. Hezbolá no necesita atentados para operar. Con las economías ilícitas, fronteras porosas y Estados que miran hacia otro lado tiene el potencial de mantenerse a flote y rearmarse. Entender esa lógica, coinciden los expertos, es clave para dejar de subestimar a un actor que, incluso bajo fuego en el sur del Líbano, sigue extendiendo sus tentáculos.



