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La paz total fracasó, y Washington tampoco es la solución

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Historia de Dorian Kantor, Daniel Lozano | Especial para El Espectador

Colombia gasta más que Dinamarca en defensa, pero la violencia no frena. ¿Podrá el próximo presidente resolver la crisis sin Washington?

Colombia ocupa el puesto No. 29 en gasto militar global, destinando el 3,2 % de su PIB en defensa –un porcentaje más alto de lo que Alemania gastaba hace tres años y más de lo que gastan Bélgica o Dinamarca actualmente. Aunque las fuerzas militares por sí solas no pueden resolver la guerra interna de Colombia, un aparato militar funcional es indispensable para brindar la seguridad que los colombianos necesitan.

Esto ocurre en un momento donde Estados Unidos, que canalizó cerca USD 400 millones anuales en ayuda de seguridad y desarrollo durante 25 años, ha reducido drásticamente esa asistencia. Descertificar a Colombia por “fallar demostrablemente” en sus obligaciones antidrogas, amenazar con aranceles punitivos y tildar a Petro de narcotraficante han combinado para desmantelar una de las asociaciones más duraderas de Washington en el hemisferio.

Colombia gasta hoy más de su propio bolsillo en sus fuerzas militares, en medio de una contracción económica en parte por Washington. La pregunta frente al electorado este mayo es si un cambio de gobierno y una alineación más profunda con Washington volverán a abrir el grifo de ayuda. La respuesta, observando lo que le está ocurriendo al aparato militar estadounidense a nivel global, es: no necesariamente, y no sin riesgos.

Lo que dejó la paz total

Antes de preguntar “¿qué puede ofrecer Washington?”, vale la pena hacer un balance de lo que produjo el gobierno saliente. Paz total –la iniciativa de seguridad insignia de Petro– ha fracasado en casi todos los indicadores medibles.

El reclutamiento de menores ha aumentado un 1.000 % desde 2021; entre 2024 y 2026, se han llevado a cabo más de 400 ataques con drones cargados con explosivos; en 2025, más de 1,6 millones de personas fueron afectadas por la violencia, con más de 100.000 desplazamientos forzados. El CICR declaró 2025 el peor año humanitario de la década.

Las Fuerzas Militares han respondido a la situación de seguridad con modernización doctrinal. Si bien la modernización es real, la capacidad suele estar ausente. Dos quintas partes de la flota de helicópteros militares están en tierra por escasez de repuestos. Los efectivos disponibles para despliegue han caído de 242.000 en 2012 a 181.000 hoy. Los grupos que emplean drones comerciales de USD 500 cargados con explosivos improvisados evolucionan más rápido que las instituciones diseñadas para detenerlos.

El veredicto es claro: Paz Total no puede continuar. Pero las alternativas que ofrece la derecha merecen escrutinio antes de ser respaldadas.

El aliado sobreextendido

Valencia y De la Espriella ofrecen una visión de seguridad construida alrededor de Washington: reconstruir la alianza, restablecer la cooperación militar y demostrar alineación ideológica. Esta es la lógica de la relación patrón-cliente que sirvió a Colombia durante décadas bajo el Plan Colombia. El problema es que el patrón está sobreextendido de maneras materiales.

En siete semanas de operaciones contra Irán, Estados Unidos quemó el 45 % de sus misiles de precisión, la mitad de sus interceptores THAAD y Patriot, el 30 % de sus Tomahawk, y más del 20 % de sus JASSM de largo alcance. Incluso con contratos de producción de emergencia, reponer esos arsenales tomará entre tres y cinco años.

La respuesta de Trump es una solicitud de presupuesto de defensa de USD 1,5 billones (USD 1.500.000 millones) –la más grande en la historia estadounidense– para recuperar terreno. Pero el capital político y militar gastado en una guerra que no logró un resultado decisivo tiene costos reales. En concreto: el Escudo de América es una doctrina construida sobre un arsenal disminuido y una fuerza sobreextendida. Una alineación profunda con Washington significa apostarle a un socio que exige subordinación política a cambio de retornos inciertos y condicionales.

Rusia: acorralada, pero no pacificada

Los problemas de Europa complican aún más cualquier ilusión de un patrocinio estadounidense confiable. Tras cuatro años y un estimado de 1,3 millones de soldados muertos o heridos, Putin habla de finalizar la guerra en Ucrania. Sin embargo, Rusia saldrá del conflicto menos segura, más agraviada y más amenazante para Europa que cuando comenzó la “operación militar especial”. La inteligencia danesa evaluó que, si el conflicto se congela, Rusia estaría lista para una guerra regional en el Báltico en dos años, y para una confrontación a escala europea en cinco.

Si Rusia avanza sobre Europa, la OTAN queda consumida. Estados Unidos enfrentaría entonces demandas simultáneas en Europa, el Pacífico y el Medio Oriente. En ese escenario, Colombia queda en segundo plano

Un hemisferio que ya no espera a Washington

Mientras Trump desmantelaba la Usaid en 2025, China anunció USD 9.000 millones en nuevas líneas de crédito para América Latina y el Caribe, y publicó una nueva doctrina de cooperación militar explícita enmarcada en su Iniciativa de Seguridad Global. Este año, a pesar del bloqueo estadounidense, buques rusos entregaron petróleo a Cuba. Drones de diseño ruso e iraní fueron documentados en la Venezuela de Maduro.

La Colombia del próximo presidente operará en un hemisferio donde la influencia extrarregional no es una amenaza en el horizonte, sino un hecho. Un gobierno que haga de la alineación con Washington su prioridad de política exterior puede encontrarse cambiando relaciones económicas reales por gestos políticos hacia un patrón agotado – mientras los rivales consolidan presencia en la región.

La pregunta que ningún candidato ha respondido

Colombia no puede permitirse continuar con la paz total. Los números no son debatibles, pero tampoco puede permitirse que la alineación con Washington sea su estrategia de seguridad entera, cuando Estados Unidos está sobreextendido, su arsenal mermado y su confiabilidad condicionada a la sumisión.

Cuando los colombianos elijan un gobierno, la pregunta relevante no es qué candidato tiene una retórica más dura. Más bien: qué candidato tiene un plan para una crisis de seguridad que los marcos existentes –militares, diplomáticos y políticos– no han logrado contener.

Hasta ahora ninguno ha respondido esa pregunta.

*Dorian Kantor es analista de seguridad internacional y director de Kantor Consulting. Daniel Lozano es Investigador y Analista Junior en la misma entidad.

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